LOS TRABAJOS ARTESANALES EN EL CASTRO DE VILADONGA
Felipe Arias Vilas, Filomena Dorrego Martínez y Ana Mª Rubiero da Pena
Dibujos: Marta Cancio Martínez
Tamén en galego

INTRODUCCIÓN

Entre los numerosos materiales que han proporcionado las diferentes campañas de excavación en el Castro de Viladonga, son de destacar, por su número y muchas veces por su singularidad, aquellos que tienen relación con cualquier trabajo y/o oficio de tipo artesanal (o "manual", de ahí el símbolo gráfico de esta Exposición).

Esta relación entre la cultura material de un sitio como Viladonga (un castro ocupado en época galaico-romana tardía) y toda una serie de oficios o labores de carácter artesanal, puede ser directa, en cuanto nos aparecen los instrumentos, los útiles y toda clase de objetos de tal carácter (caso de la orfebrería, de la cerámica o de la azabachería), pero otras veces estamos delante de materias primas o de herramientas que sirvieron para elaborar aquellos mismos instrumentos y útiles diversos que sin embargo, por su composición en materia orgánica perecedera, no han llegado a nuestros días: es el caso de los tejidos, de los objetos de carpintería o de cestería, etc.

Por otro lado, la relación entre la arqueología y la etnografía queda aquí bien plasmada, pues muchos instrumentos (y oficios) del trabajo artesanal utilizados en la etapa castreña y galaico-romana tuvieron su pervivencia, en algunos casos, hasta los tiempos presentes. De hecho, algunas piezas arqueológicas son identificadas a través del estudio y comparación, con todas las cautelas propias de cada caso, de la cultura material tradicional, principalmente, como es lógico, de la gallega.

Esta muestra temporal sólo pretende ser un complemento de la exposición permanente del Museo del Castro de Viladonga, y por lo tanto, no es una recogida exhaustiva de todos los objetos y piezas relacionados con los trabajos artesanales reconocidos y documentados en este yacimiento, sino sólo una referencia selectiva a determinadas labores y producciones que nos ayudan a entender mejor la vida de los castreños en la época galaico-romana, basándose siempre en los objetos y piezas aparecidas, pero con la contextualización necesaria para entenderlos y explicarlos a todo tipo de público.


LA CONSTRUCCIÓN

La piedra, que en este Castro es casi siempre de pizarra, se extraía por medio de picos, cuñas (de hierro o madera), martillos y cinceles. Se golpeaba en las cuñas, introducidas en las diaclasas (grietas naturales de las rocas) hasta partir las rocas en el tamaño deseado. En el caso de las cuñas de madera, se les iría echando agua para empaparlas de manera que, al hinchar, hacía abrir la roca.

Antes de colocar las piezas era preciso retocar los bordes con una herramienta de pico. Así, colocando las piedras una a una y haciéndolas coincidir, llegarían a formar unos muros compactos y bien asentados, ayudándose de niveles y plomadas, y utilizando la mayoría de las veces, como elemento aglutinante, una argamasa terrosa.

El suelo de algunos espacios construídos o al lado de las construcciones se hace con grandes losas (probablemente para servir de eras o de graneros), que exigían una preparación menos cuidada pero también muy laboriosa. También hay entradas con solanas de piedra o haciendo escalera.

En el Castro de Viladonga se conocen dos sistemas o tipos de cubiertas.

En uno de ellos, el de tradición más antigua y que aún pervive en las pallozas actuales, se usaba materia vegetal (paja o "colmo"), que se sujetaba con un entramado de cuerdas, algunas tirantes gracias a las pesas de piedras que llevan un agujero para agarrar la cuerda que colgaba de los puntales o palos verticales de la construcción.

El otro sistema es una introducción romana y consiste en la fabricación y utilización de tejas de barro: tégulas (teja plana) e ímbrices (teja curva). Una vez extraído el barro y bien amasado se colocaba en unos moldes apropiados para conseguir las formas deseadas, retocando o extrayendo luego el barro sobrante.

Una vez extraídas de los moldes, las tégulas e ímbrices se secaban al aire. A esta fase de la elaboración, y antes de la cocción en un horno, corresponderían las pisadas de animales y, desde luego, las marcas y señales que aparecen en muchas tejas.

No hay que olvidar la existencia de los palos verticales y de las vigas de las armazones de la cubierta, que eran de madera y de las que no se conservan restos, igual que de muchos dinteles de las puertas.


EL TRABAJO DEL METAL

Se puede hablar del empleo frecuente de dos metales, dejando a parte las producciones de oro y plata; son el hierro y el bronce, con diferentes procesos de fabricación, distintas propiedades y variadas utilizaciones.

El hierro

Para conseguir las láminas o barras de hierro que se trabajaban en la forja, el mineral era previamente tratado en un horno por fusión reductora (combustión del mineral con carbón vegetal), formando la fundición que se recogía en estado líquido en el fondo del horno. De este proceso quedaban las "gangas" y las escorias, que aparecen también en el Castro.

El forjado se conseguía a base de un martilleado continuo de la masa metálica, alternando con su introducción en el fuego, dándole así a cada objeto la forma deseada y, además, permitiendo afilar el borde de las piezas.

Es necesario destacar la gran variedad y abundancia de herramientas e instrumentos de hierro aparecidos en este Castro, que evidencia un buen dominio de las técnicas metalúrgicas artesanales y una notable diversificación de trabajos, oficios y útiles.

El bronce

La aleación o mezcla del cobre y el estaño dio lugar al bronce, algunas veces también con plomo u otros metales. Aquella se hace en un recipiente de piedra o arcilla refractaria (resistente al calor intenso), que llamamos crisol.

El metal líquido se vertía en un molde en el que previamente se trabajaba o esculpía la forma de la pieza que se quería conseguir. El molde univalvo estaba formado por una sola valva matriz, mientras llevaba una tapa superior móvil (algunas veces consistía en una simple piedra o laja).

Una vez enfriado y solidificado el metal, se abría el molde y se sacaba la pieza. Si hacía falta, había un posterior trabajo de martilleado o pulido para eliminar la rebarba de fundición producida en la zona de unión de las valvas.

Otra variante sería el sistema de fundición a la cera perdida. El modelo se esculpía en cera y se cubría con la arcilla del molde; cuando ésta secaba, la cera se eliminaba al echar el metal líquido y muy caliente a través de un pequeño agujero en aquel. Luego, para liberar la pieza de metal, sólo era necesario romper el molde de arcilla.


LA ORFEBRERÍA

Las joyas son objetos arqueológicos que presentan a menudo problemas de definición cronológica y de asignación de su origen y/o fabricación, pues se trata de piezas que en ocasiones entraban en circuitos comerciales y, muchas veces, su posesión e incluso su uso se prolongaba en el tiempo durante varias generaciones.

A grandes rasgos, en la orfebrería del Noroeste se puede establecerse una corriente de producción continuada desde la Edad del Bronce cuando, sobre los innegables aportes autóctonos, se conocerán innovaciones venidas de Centroeuropa y del mundo atlántico, que comenzarían a dar sus frutos, en lo que a la Cultura Castreña se refiere, alrededor del siglo VI a.C. A comienzos del s. IV a.C. se empiezan a elaborar adornos laminares con granulado, globulado y filigrana, a imitación de lo que se hacía en el Mediterráneo y en el Sur peninsular, pero esta corriente siempre va a convivir con aquella centroeuropa y atlántica. A toda esta orfebrería se va a juntar luego la de producción romana, mucha de ella de importación más o menos lejana.

El proceso de elaboración de las joyas que están documentadas hasta ahora en el Castro de Viladonga se puede resumir en las siguientes fases: después de la fundición de las pepitas o del polvo de oro, se hacían unas planchas y, a partir de estas, unas láminas o hilos.

Una vez obtenidas estas piezas, ya se podía pasar a la elaboración de los distintos tipos de joyas, bien soldando las láminas (como sucede en la arracada), bien trenzando los hilos de oro (como en la pequeña cadena para colgar aquella misma pieza), o bien enroscándolos (como en un anillo o prendedor).


LA CARPINTERÍA

Los habitantes del Castro debieron de utilizar útiles y recipientes hechos de material perecedero como la madera, todos ellos elementos de los que no quedan restos arqueológicos, aunque si sabemos de su uso tanto por las fuentes escritas de época romana como por el tipo de algunas herramientas para trabajar aquellos materiales, y que en este caso si se documentan arqueológicamente: bastrén, trenchas, gubias, cuñas, clavos...

Hay que suponer, por lo tanto, la existencia de jarras, tazas, platos, cubiertos y otros utensilios de cocina y de mesa, hechos todos ellos de madera de varios tipos, al igual que sucedería con otros útiles (telares, husos...) y con el diverso mobiliario (arcones, bancos...).

Asimismo, hay que considerar que el trabajo sobre la madera era necesario para otras actividades como la construcción, usándose para hacer las armazones y soportes de techos, las puertas, los vallados, etc., y también para la preparación de otros útiles (como los mangos de herramientas metálicas) o enseres (como diverso tipo de mobiliario).

Aunque ya se advertía que muchos de estos elementos no se conservaron hasta hoy, si que llegaron a nosotros, en cambio, señales de su uso (como los agujeros para colocar postes en las construcciones), o los complementos de aquellos (como los apliques de mobiliario, las propias herramientas metálicas, etc.)


LA CERÁMICA

Con la ayuda del barro o arcilla presente en la propia naturaleza, y con la correcta utilización del fuego y del sol, el hombre llegó a producir unos objetos resistentes al calor y de cierta durabilidad, muy apropiados para cubrir las necesidades en lo que se refiere a la preparación de alimentos y a su almacenaje. El resultado es una gran variedad de recipientes o contenedores de cerámica, que suele ser el material más abundante en los yacimientos arqueológicos castreños y galaico-romanos.

De entre los tipos cerámicos encontrados en el Castro, es posible que sólo la de tradición castreña fuese producida en Viladonga, pues la de introducción romana es, casi toda ella, de importación, bien sea de sitios de la propia Gallaecia o de otros muy alejados del resto del Imperio. Dentro de aquella cerámica castreña están presentes asadores (o queseras), cazuelas, jarras, tazas y ollas de diversas formas y tamaños.

El primer paso en su fabricación era la extracción del barro. Una vez éste en el taller, con su amasado se lograba una pasta compacta y homogénea que, algunas veces, precisaba de una cantidad importante de desgrasante (materiales arenosos, micáceos...) para favorecer la resistencia de la pieza cerámica al fuego, evitando grietas de secado y reduciendo la excesiva plasticidad que puede conseguir la masa.

La técnica más antigua que aparece no Castro es la fabricación de piezas a mano, correspondientes muchas veces a su breve ocupación prerromana, aunque también se hicieron a mano algunos objetos cerámicos de época galaico-romana como fusayolas o crisoles. Es en esta etapa, la de mayor auge en el Castro, cuando se generaliza la fabricación a torno bajo, que deja unas señales características tanto en el interior como en el exterior de las vasijas.

La fase final o de acabado de los objetos cerámicos podía comprender:

- la colocación de asas, después de tener ya moldeada la pieza

- el engobado o aplicación de arcilla semi-líquida

- el alisado de la superficie de la pieza, obteniendo algunas veces un rayado desigual

- el bruñido u obtención de diversos matices de brillo obtenidos por fricción con un punzón de punta roma o un alisador adecuado.

Asimismo, en esta fase se hacen las decoraciones que presentan algunas piezas:

- por incisión, aplicando un instrumento con punta más o menos afilada

- por impresión, como resultado de la presión de un objeto sobre el barro fresco

- con aplicaciones plásticas, adhiriendo pezones o hilos de barro en relieve

Antes de meter las piezas en el horno era necesario esperar a que estuviesen secas, proceso que muy probablemente se hacía al sol.

El hecho de no haber aparecido hasta ahora en Viladonga ninguna estructura ni elemento identificable como un horno de cerámica propiamente dicho, permite pensar en la posibilidad de una cocción sencilla, por medio de un agujero en la tierra o al aire libre, siempre con la ayuda del fuego.


EL TEJIDO

Después de obtenidas las fibras naturales (de lino y de lana), se limpiaban, en el caso de la lana a través del lavado y batido con una vara para darle mayor soltura. El lino, después de empozarlo, se mazaba sobre una piedra para desprenderle la parte leñosa.

Terminada la limpieza de la lana, se procedía a su desenredado, paso imprescindible para luego poder hilar las fibras; para aquel trabajo de desenredado se empleaba un peine de dientes metálicos, que también pudo servir para alisar las fibras de lino pudiendo así proceder al hilado.

Para la confección del hilo, con una mano se extraen paulatinamente fibras que pasan a ser enrolladas sobre si mismas con los dedos, mientras que con los dedos de la otra se imprime un movimiento de rotación al hilo con ayuda del huso, lo que sirve para hacerlo más o menos apretado.

Para servir de contrapeso y ayudar al movimiento giratorio, evitando además que la husada de hilo se saliera do su sitio, al final del huso se insertaba una pequeña pieza agujereada y de forma redondeada, de piedra o de barro o cerámica, muy abundantes en todos los castros galaicos y conocida como fusayola.

El telar vertical de pesas queda documentado en los yacimientos arqueológicos a través de las pesas de piedra que se empleaban en él, además de las descripciones presentes en textos antiguos. En este tipo de telar, la urdimbre cuelga en sentido vertical y las dos series de pesas estaban destinadas a mantener tensos los diferentes hilos pares e impares de aquella. El mecanismo de accionamiento del telar debe permitir que, dentro del conjunto de los hilos de la urdimbre, se puedan levantar o separar al mismo tiempo aquellos que son pares de los que son impares; se logran así dos posiciones alternativas que permiten introducir el hilo envuelto en una lanzadera o en una aguja de pasar trama.


OTROS TRABAJOS

Las actividades agrícolas y pecuniarias desarrolladas por los habitantes del Castro de Viladonga debieron de dar lugar a una serie de trabajos destinados a aprovechar determinadas producciones derivadas de aquellas. Igualmente, algunas materias o productos naturales constituyeron un importante recurso para la fabricación de instrumentos y útiles de muy diverso tipo, material y hechura.

La cestería

Para este trabajo se emplearían diferentes elementos vegetales como el mimbre, el tojo o la retama, arbustos leñosos de ramas muy flexibles, que permite ir entretejiendo las varas. En el caso de la paja de el centeno o colmo se enrollaría en espiral un "mollo" que se sujetaba con una tira de otro vegetal; cuando se trataba de otro material, como la madera, era preciso entrecruzar las tiras en horizontal para formar el fondo desde el que partirán las verticales que van sujetando las primeras.

El cuero y la piel

Las pieles de los animales se utilizaron para aparejos de las caballerías o de los animales de tiro o carga: monturas, arreos y riendas... También se aprovecharon para hacer piezas de la vestimenta, mediante los oportunos procesos de lavado, raspado, alisado y estirado, o para la fabricación de sacos de cuero, bolsas, etc.

El azabache

Hay que hacer mención al uso del azabache en el Castro; esta variedad de carbón fósil, presente en pequeños pedazos sueltos en bruto, se prestaba bien para el tallado, labrado, pulido y engastado de piezas de adorno: anillos, cuentas de collar, colgantes, etc.

La piedra

Además del trabajo de la construcción, hay que tener en cuenta el laboreo de la piedra para fabricar objetos destinados a usos o trabajos domésticos; es el caso de los molinos de piedra manuales, planos y circulares, para moler el grano y hechos generalmente en granito, mientras que las piedras para afilar y los pulidores suelen ser de pizarra. Para otras labores artesanales (como en la propia construcción o en la carpintería) debieron usarse las pesas y mazas de piedra que aparecen con cierta frecuencia en el Castro.


LA PERDURACIÓN DE LOS TRABAJOS ARTESANALES

Algunas veces la arqueología tiene que mirar para la etnografía a la hora de cubrir aquellas lagunas del conocimiento que a falta de objetos y artefactos (pues el material perecedero no llega hasta hoy) no permite documentar suficientemente, lo que se hace difícil por la ausencia o precariedad de datos. Así, gracias a la etnoarqueología podemos profundizar en el proceso de extracción da piedra de las canteras o pedreras, o en el seguro uso de la madera en algunos o en muchos elementos constructivos de las casas (postes, dinteles...). O bien, podemos presuponer la fabricación de útiles domésticos de madera como jarras, tazas, piezas del mobiliario, útiles para las labores agropecuarias, etc.; o, dentro del uso de la madera, cabe pensar en la probabilidad cierta de unas labores de cestería a base de varas de roble o de sauce, de mimbre o de codeso.

De este manera, se puede decir que la mayor parte de los trabajos que se muestran en esta Exposición tienen mucho que ver con oficios y labores artesanales que aún se realizan o que se hacían hasta hace poco tiempo, siempre teniendo en cuenta las variaciones (en los materiales y en el instrumental) producidas a lo largo de los siglos, debido a los imparables avances tecnológicos. Pero posiblemente no fuera muy diferente la manera en que nuestros antepasados castreños levantaban una olla de la que utilizaban o todavía utilizan los ceramistas de Gundivós, de Mondoñedo o de Bonxe. Y otro tanto se podría decir del forjado y martilleado del hierro, de la preparación e hilado del lino o de la lana, de la colocación del colmo en las cubiertas, o de la construcción de un muro de pizarra en una construcción.

Al final, se trata de llamar la atención sobre el hecho de que, algunos de los trabajos que se hacían en el Castro de Viladonga hace casi dos mil años, con su natural evolución, perviven todavía hoy en labores artesanales características de la cultura tradicional gallega.



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Artículo de

Autor
Felipe Arias Vilas
Filomena Dorrego Martínez
Ana Mª Rubiero da Pena

Publicación original
Guía de la Exposición:
Os traballos artesanais no Castro de Viladonga,
mayo-septiembre/2000

Traducción
Ana Mª Rubiero da Pena

Versión electrónica
Enrique Jorge Montenegro Rúa
http://www.aaviladonga.es/e-castrexo/es/mexpmano.htm